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Espai Obert

Cabaña de sudar (Inipi o Temazcal)

En el amplio ámbito de prácticas que se mueven entre el desarrollo personal y la espiritualidad hay tanta oferta que a menudo cuesta distinguir el grano de la paja. Las palabras van perdiendo su significado originario, llegando a designar experiencias cada vez más diluídas, más light. Palabras como Zen, Tantra, Meditación o Temazcal se usan a menudo ya desconectadas de su sentido originiario y se envasan en talleres de fin de semana para consumo espiritual de usar y tirar.

Me acerqué a mi primera experiencia en una cabaña de sudación con una actitud abierta aunque en el fondo de mi mente también había una vocecita que me susurraba la nada estimulante posibilidad de encontrarme con una actividad vacía,  envuelta de exotismo superficial y intrascendente. Afortunadamente la vocecita se equivocaba.
Tona, la conductora de la ceremonia, trasmite humildad y firmeza al mismo tiempo. Su actitud no es en ningún momento condescendiente. La condescendencia responde a la necesidad del conductor de ser querido y aceptado y esta actitud le impide guiar al participante hacia límites que a menudo son desagradables pero que hay que traspasar para poder sanar.
Con esta firmeza amorosa Tona nos va guiando aconpañada por el otro facilitador, el hombre de fuego. A medida que la experiencia avanza, los 4 elementos van ganando presencia hasta convertirse en los verdaderos maestros de la ceremonia. Participar en un inipi es sumergirse en la esencia de la naturaleza. Entramos en la pequeña cabaña y la oscuridad absoluta me transporta sorpresivamente a experiencias relacionadas con terrores infantiles. Afuera el fuego ya ha calentado las piedras que entrarán en la cabaña incandescentes para fecundar la tierra y fundir yang con yin en su eterno fluír.
Todo se va envolviendo de una atmósfera de autenticidad, de presencia, de fuerza. La tenue vocecita crítica que rondaba por el fondo de mi mente desaparece por completo. Las piedras van entrando, el calor aumenta y empieza el eterno baile entre las dos actitudes vitales: la entrega a la vida y la resistencia a la vida. Los 4 elementos son tan reales, tan maestros, tan imponentes y al mismo tiempo tan sencillos y puros, que la humildad es la única posibilidad real de vivir la experiencia. Cuando mi mente miedosa emerge con fuerza me agarro a los cantos. Cada palabra, cada oración, cada dar gracias está preñado de significado, preñado de vida y también de pequeñas muertes y pequeños renaceres.
Al final, unos cuantos “darme cuentas”, un águila en el cielo y una rica comida. Siento que he iniciado un camino que todavía es desconocido para mi pero que intuyo verdadero y provechoso.

Guiados por Tona, empezamos a programar inipis cada equinocio y solsticio como un camino de reconexión con uno mismo y con la naturaleza dentro del proyecto Espai Obert. Os invitamos a participar.

Marc Ribé

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