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Espai Obert

Meditación Concentrativa vs. Meditación Receptiva

Tanto el cultivo de la concentración como de la receptividad (su polaridad complementaria) son de capital importancia para el desarrollo de una vida en plenitud. Podemos clasificar las técnicas de meditación según desarrollen uno u otro de estos dos procesos psicológicos.

En la Meditación concentrativa focalizamos la atención en un punto y excluimos de nuestro campo de conciencia todo el resto de la realidad potencial. Y cada vez que nos damos cuenta que nos hemos distraído volvemos a este punto para estabilizarnos en él. Esto requiere intencionalidad, voluntad y cierto esfuerzo. Este tipo de meditación lleva al practicante a estados de profunda calma mental y absorción. El Yoga de 8 pasos de Patanjali, los Jhanas de Buda, o Zazen son técnicas de Meditación concentrativa.

En la Meditación receptiva desarrollamos una atención abierta que no excluye ningún elemento de la realidad presente. La atención sigue despierta y sostenida pero está desfocalizada. No hay intencionalidad ni voluntad ya que son los estímulos que se presenten los que guiarán la meditación. Es un estado de atención sin esfuerzo (no hacer ningún esfuerzo no es tan fácil como parece). Este tipo de Meditación favorece los estados de intuición. Shikantazá, Dzogchen, o la “Choiceless Awareness” de Krishnamurti son técnicas de Meditación receptiva, aunque la palabra técnica no es del todo apropiada ya que estas prácticas son algo así como las técnicas sin técnica.
A menudo se han presentado estas dos modalidades de meditación como contrapuestas, como si la práctica de una excluyera la otra. Esto no es así. También a veces se ha despreciado lameditación concentrativa y se ha intentado ir directamente a la experiencia de la receptividad. Vamos a examinar esto. Todos los meditadores han vivido experiencias parecidas a esta: después un tiempo de meditación concentrativa sentados en inmobilidad, nos levantamos, salimos al exterior y tenemos una experiencia en la que percibimos el entorno de manera abierta y con mucha viveza. Los sentidos parecen estar más agudizados, estamos en calma, despiertos, atentos y receptivos. Es un estado (más bien un proceso) desfocalizado y de plenitud. Quizás no le demos este nombre pero esto es la Meditación receptiva. Y la experiencia nos dice que para llegar a ella primero tenemos que practicar mucha meditación concentrativa de igual manera que un músico de jazz antes de tocar espontáneamente desde la intuición primero ha tenido que practicar mucho desde la concentración, la intencionalidad y el esfuerzo.

Así pues, para la mayoría de personas, el desarrollo de la concentración es previo a la receptividad. La Meditación concentrativa y la Meditación receptiva no son excluyentes, de hecho una lleva a la otra. Y podemos practicar las dos modalidades alternadamente. Así lo hacemos en nuestros Retiros de Meditación  practicando meditación concentrativa en la sala focalizando en las sensaciones corporales y meditación receptiva en el exterior, paseando por el bosque, contemplando la puesta de Sol o escuchando el canto de los pájaros.

Marc Ribé

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