Home > Article > La respiración como objeto de meditación

Espai Obert

La respiración como objeto de meditación

A aquella parte de nuestra realidad presente que escogemos para concentrarnos  y/o observar durante la meditación le llamamos objeto de meditación.

Utilizar la respiración como objeto de meditación tiene varias implicaciones interesantes:

-Meditar en la respiración es meditar en la vida misma, sintiendo el oxígeno que nos alimenta momento a momento.
-Focalizarnos en la respiración literalmente nos centra ya que ésta se produce en el centro del cuerpo. También nos ayuda a mantener el tronco erguido y equilibrado ya que si lo encorvamos el aire no fluye hasta el abdomen (en realidad, la parte baja de los pulmones).
-El recorrido del aire durante la respiración unifica nuestros tres centros vitales: el centro instintivo en las entrañas, el centro emocional en el corazón y el centro racional en la cabeza. Prestar atención a este recorrido nos permite armonizar en una misma dirección hacer, sentir y pensar.
-Cuando utilizamos la respiración como objeto de meditación ésta se convierte en nuestra maestra ya que nos enseña a soltar y dejar pasar los contenidos mentales. Con cada exhalación soltamos el aire de manera natural y sin esfuezo y la atención a este proceso nos enseña a hacer lo propio con los contenidos mentales.
-Cuando la respiración se calma con cada inhalación sentimos como si bajáramos al fondo del océano dónde todo está en calma y esto facilita entrar en estados de absorción meditativa (si practicamos la concentración).
-Es en el trayecto del recorrido del aire desde la cabeza hasta el vientre donde sentimos las sensaciones corporales emocionales, el aspecto de la experiencia que nos permite el aprendizaje de la gestión de las emociones (si practicamos la observación) .

Cuando utilizamos la respiración como objeto de meditación, si queremos desarrollar una atención precisa y incisiva elegiremos como objeto de atención algún punto concreto y reducido del recurrido del aire y prestaremos atención a este punto momento a momento. Los dos puntos clásicos son el interior de las aletas de las fosas nasales y el tanden o hara en el abdomen (tres dedos por debajo del ombligo). Personalmente prefiero este último punto por estar más cerca del suelo y más lejos de la cabeza (que es dónde acostumbramos a situar la mente pensante). Además el tanden es un verdadero centro energético y de equilibrio del cuerpo.
También podemos practicar una atención más abierta atendiendo globalmente a todo el recorrido del aire entrando y saliendo.

Observar con ecuanimidad todo lo que pasa en este universo que va de la nariz al abdomen es una aventura para la que no necesitas comprar ningún billete, está siempre contigo, a tu alcance.

En el post Cómo respirar durante la meditación explicamos cómo resiprar durante la práctica y en el post Contar respiraciones y utilizar mantras explicamos cómo utilizar el conteo y los mantras.

Marc Ribé

Back To Top