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Espai Obert

¿El ego, enemigo o aliado?

El ego es una realidad psicológica y por tanto, una realidad relativa. Es el director de orquesta de nuestra mente consciente, el que toma las decisiones. También se encarga de la autoimagen. Algunas vías de desarrollo personal hablan de matar o destruir al ego. No se lo recomiendo a nadie, sin el ego no sobreviviríamos. Con la meditación trascendemos el ego. Trascender significa “ir más allá de”, algo muy diferente a destruir. Podemos tratar al ego con suavidad y afecto… y trascenderlo. Podemos ponerlo en su sitio, permitir que sea lo que es, un instrumento a nuestro servicio. Somos mucho más que nuestro ego. Cuando experimentamos esto en nuestra práctica de meditación, aparece una sensación de espacio y libertad interior.

Vamos a ver cómo funciona el ego. El ego se forma con la imagen que tenemos de nosotros mismos almacenada en la memoria y constituida principalmente a partir de cómo nos hemos sentido vistos y tratados por los demás (especialmente por los otros significativos). Pero la imagen que nos hacemos de nosotros mismos no es un reflejo fiel de nosotros, ni mucho menos.
Cuando nos hablamos a nosotros mismos vamos creando un relato, una narración que situamos entre la realidad y nosotros. No nos relacionamos con la realidad sino con el relato que hacemos de ella. En este relato somos el personaje protagonista. El problema surge cuando la conciencia se identifica con el personaje que nos narramos a nosotros mismos y se produce una situación en la que las emociones se ponen al servicio del personaje con el que nos hemos identificado, el ego. Con esta identificación pasamos a depender del ego, de “su ensueño de sí mismo”, se pasa depender de lo que se sueña. Entonces necesitamos convencernos de que somos quien creemos ser y por eso necesitamos la colaboración de los demás. En la medida en que los demás confirman nuestra idea de nosotros mismos nuestra reacción emocional es positiva y nos sentimos bien. En la medida que los demás cuestionan nuestra idea de nosotros mismos, nuestra reacción emocional es negativa y nos sentimos mal. Esta es la tiranía del ego. Un conjunto de ideas (el ego) nos condiciona enormemente.
El vínculo de la conciencia con los contenidos del ego es lo que llamamos “identificación” y la fuerza de este vínculo la suministran las emociones. El ego hace referencia a la conciencia identificada con los contenidos emocionales propios de la imagen de sí.

La observación meditativa en la que la conciencia puede percibir la imagen mental como algo distinto de la reacción emocional que suscita es la única maniobra que libera a la conciencia de la servidumbre de la emoción. Así trabajamos con el ego en la meditación.

Marc Ribé

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